A las afueras de Logroño hay un puente que atraviesa el Ebro. Es peatonal y sencillo, pero de buena construcción.
Cuando paseas a través de él puedes ver la ribera del río, llena de verde y agua.
Suele ser un paso obligado para las salidas de los domingos. A veces, con mal tiempo, no lo recorre nadie. Pero cuando llega el verano, nadie se lo quiere perder.